Posteado por: basketaldia1 | noviembre 5, 2008

IVERSON, ¿VERSION…?

Siempre que se producen traspasos de nombres importantes en la NBA intentamos encontrar ganadores y perdedores cuando, en todos los casos, hay lógica en ambas partes. Hoy nos despertamos con uno de los más claros ejemplos: Allen Iverson abandona Denver para volver al este mientras Detroit entrega a Chauncey Billups, Antonio McDyers y Cheikh Samb. Sin rebanarnos los sesos apreciamos que Joe Dumars cumple su promesa estival de cortar cabezas y de paso abre el camino a su joven base de futuro Rodney Stuckey, además de sustituir contratos de hasta más de 50 millones a pagar en tres años (35 de Billups en 3, casi 14 de McDyess en 2 y el expiring mínimo de Samb) por los más 44 que liberarán los de Iverson y Rasheed Wallace al final del presente ejercicio, para situarse en inmejorable posición no solo en el mercado del 2009, sino incluso para el tan codiciado de 2010. Mientras Mark Warkentien afronta un nuevo intento de aupar a los Nuggets de Melo con jugadores contrastados que ajustan cuan guante a las características del ex de Syracuse. Si bien parece que McDyess será cortado al no estar este dispuesto a jugar para cualquier otro equipo que no sean los Pistons.

Pero es otra la reflexión que planteamos desde estas líneas. ¿Qué pasa con “la respuesta”? Lo primero que me vino a la cabeza iba diametralmente opuesto al sentimiento de felicidad que envolvía al pequeño alero. Porque si uno es la estrella indiscutible para todos en un primer traspaso de su carrera, ¿qué está pasando para que año y medio después, algunos ya no pensemos que eres el jugador más importante de tu segundo traspaso sin que en ello influya una disminución en las facultades de tu juego?

Cada vez queda más clara la importancia y dificultad de encontrar jugadores directores en contraposición a la abundancia de anotadores. La química de equipo ha pasado de ser un apartado de videojuego a ingrediente fundamental para el éxito de cualquier grupo de profesionales y Allen Iverson se me antoja más parte del pasado que del futuro. Puede cambiar, luchar como lo hizo en el 2001 y volver a enamorar, pero su nuevo equipo necesita más la garra que el ego, el pase que la canasta y el compartir que el devorar.

Sergio Azurmendi


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