Posteado por: inakiapalategi | octubre 11, 2008

Philadelphia SPHA’s: canastas sagradas

La búsqueda de la tierra prometida ha sido una constante alrededor del pensamiento judío a lo largo de toda su historia. Los famosos cuarenta años se han transformado en siglos, y si bien ahora se encuentran instalados en un lugar concreto, no está claro si ese es su destino. Nadie ha revisado las sagradas escrituras desde hace años: nadie piensa en que quizás, el lugar donde el pueblo judío podrá desarrollarse y vivir en paz sea una superficie de parquet de 28×15. Esta es la historia del primer exponente hebreo del baloncesto, los Philadelphia SPHA’s.

Los años 20 son una época de tremenda actividad baloncestística en la costa Este. “The Happy Twenties”se van a caracterizar no solo por una creciente actividad económica o la ampliación de ciertos derechos hacia la mujer, sino por ser uno de los períodos en los que el deporte de la canasta ganó muchos mas adeptos. La razón de aquella supremacía baloncestística en los grandes núcleos venía relacionada con la geografía local: como las ciudades crecían a pasos agigantados, cada vez había menos espacios amplios para practicar béisbol o fútbol americano; en cambio, no era difícil que en los suburbios se pudiera colocar una canasta de melocotones en un poste telefónico donde los jóvenes pasaban horas lanzando. De ahí que muchas estrellas de la época llegaran desde barrios marginales. Con los negros separados del resto de la sociedad (con sus propias ligas en barrios como Harlem), los chicos del “ghetto” pasaban rápidamente del instituto a los “profesionales” o, en el mejor de los casos, a un equipo universitario.

Los SPHA’s (nombre que viene del acrónimo inglés de Asociación Hebrea del Sur de Philadelphia) nacen en 1917 de la mano de Eddie Gottlieb (elegido para el Hall of Fame en 1972 y cuyo nombre toma el trofeo del “Rookie of the Year”) y otros amigos, que querían continuar practicando su deporte favorito tras acabar el instituto como un equipo amateur. La idea caló hondo entre la comunidad judía: desde todos los puntos de la ciudad llegaban hombres que reforzaban el equipo hasta conseguir prácticamente un “All-Star” de la ciudad, formado únicamente por devotos a la religión hebrea. Aquellos colosos eran el centro de atención de Philadelphia: sus partidos reunían a grandes admiradores del basket, que llegaban a pagar hasta cincuenta centavos (todo un dineral para la época) para seguir sus encuentros. Si el juego de anotaciones bajas de la prehistoria del basket era un lujo, los SPHA’s aportaban el “showtime”.

En lo deportivo, su fama crecía a pasos agigantados: tres títulos de la Eastern Basketball League en cuatro temporadas fue su balance en su primera aparición entre los profesionales. Aquella gran actuación les valió para que los mandatarios de la Atlantic Basketball League, la primera gran competición de baloncesto de los Estados Unidos, posaran sus ojos en un conjunto liderado por Moe Goldman e Jerry Fleishman, siempre con Gottlieb en el banquillo. El crack de la bolsa en 1929 arrastró consigo a la incipiente Liga, pero eso no impidió que la reputación de los SPHA’s creciera hasta niveles insospechados. Gottlieb tuvo una idea novedosa: aprovechando el parón de la competición, decidió montar un triangular con dos de los mejores equipos de Nueva York. El equipo en pleno criticó la decisión de su entrenador en organizar un torneo frente a los Original Celtics y a los Harlem Renaissance: sobran las palabras para definir a dos de los equipos mas reconocidos en los primeros años del basket norteamericano.

El desafío reunió a multitud de aficionados en la “Gran Manzana”, pero al final la jugada le salió bien al técnico de los SPHA’s: el balance fue de nueve victorias en once partidos, algo que les colocaban en el mapa y les ponían en una posición predominante de cara a la ABL, que volvería a nacer en 1933 después de que la economía norteamericana repuntara. Sin restricciones de ningún tipo y con sus pupilos preparados para afrontar una nueva temporada, Gottlieb y los SPHA’s tomaron la iniciativa en la ABL, consiguiendo siete títulos en trece temporadas. La primera gran dinastía del baloncesto en los Estados Unidos tomaba forma.

Los SPHA’s se convertían, a pesar de las diferencias religiosas, en el equipo de Philadelphia (aunque poco importaban en la ciudad del amor fraternal, un hervidero de inmigrantes en la época). Los jugadores cobraban sus primeros salarios, por llamarlos de alguna forma, mientras recibían ofertas de otras grandes escuadras, pero el placer de disfrutar junto a sus grandes amigos del barrio y compañeros de sinagoga podía con todo. Algunos ex jugadores del equipo hablaban de que, en aquellos años, a los niños judíos les decían que para ser un hombre no había que celebrar el Bar Mitzvah, sino debutar con los SPHA’s. La ambición de Gottlieb creció al máximo, y una vez mas recibió la llamada de una instancia superior. La BAA, germen de la NBA, mostró su interés por el equipo, pero no compartía el hecho de que todos debían ser judíos: renunciar a su filosofía por crecer en lo deportivo no iba a ser algo sencillo. El propietario no podía permitirse perder el apoyo de la comunidad hebrea por militar entre los mejores, pero la solución fue mas sencilla de lo que aparentaba. Gottlieb decidió reclutar a algunos de sus hombres mas destacados y formar una franquicia de la BAA sin restricciones, mientras los SPHA’s seguían disputando ligas menores. Así nacieron los Philadelphia Warriors, que a poco de salir al mundo se ganaron el cariño de la ciudad y así siguieron creciendo. Un SPHA que se dejó tentar con la llegada de la BAA, Ossie Schectman, hizo historia en 1946: fue el primer hombre que anotó una canasta en la nueva Liga, pero lo consiguió con los New York Knicks.

Los Warriors siguieron creciendo hasta que Gottlieb se cansó de jugar al magnate y vendió el equipo en 1962 a un grupo de empresarios de San Francisco, que se llevó la franquicia a la Bahía. Mientras tanto, los SPHA’s iban perdiendo adeptos ante el avance de la franquicia de la BAA: el hombre al que Gottlieb vendió los derechos del equipo judío para marcharse a los profesionales, Louis Klotz, se le ocurrió una gran idea para rentabilizar su inversión. Cuando los SPHA’s comenzaban a perder peso en la EBL, a la que volvieron en 1946, decidió poner rumbo a Washington, donde no existía ninguna franquicia relacionada con el baloncesto. Bajo el apodo de los Generals, recibieron la llamada de un equipo que les convocaba con el objetivo de invitarles a recorrer los Estados Unidos ofreciendo un espectáculo entretenido en base al baloncesto. Aceptar esa oferta fue lo peor que pudieron hacer: aquel conjunto que les humillo en mas de 22000 partidos fueron los Harlem Globetrotters.

MATIAS CASTAÑON


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