Posteado por: inakiapalategi | octubre 11, 2008

El último libro

El volcar sobre un folio en blanco, un cuadernillo o una pantalla de ordenador vivencias, historias o ideas siempre ha sido un desafío para quienes se han atrevido a lanzarse a la piscina para saborear, en sus propios labios, las mieles del éxito o, como mucho, el placer de que se le reconozca como escritor. Las historias de los antiguos no serían conocidas si no hubiese sido por aquellos grandes hombres que afrontaron la misión de contar esos hechos, de dejarnos constancia de sus hazañas. No sabríamos de las desventuras de Ulises si Homero hubiese preferido la vida contemplativa en vez de volcarse en un poema épico como la “Odisea”. Este “conoces a…” también está dedicado a un autor y su obra, de la que forma parte activamente. A él le toco ser actor clave en esta historia, le tocó ser el responsable de formar un equipo épico, de hacerlo llegar al Olimpo para que luego cayese hacia el Averno. He aquí la historia de “la última temporada” de Phil Jackson.

Nuestro deporte tiene grandes literatos, periodistas que vuelcan su conocimiento histórico, entrenadores que nos enseñan los entresijos de sus métodos, e incluso autores de ficción que nos cuentan historias increíbles. El acceso a nuevas tecnologías nos ha permitido conocer a grandes escritores a los que no tendríamos acceso sin invertir un dineral: si bien una serie de artículos extraídos de la red de periodistas especializados o escuchar por la radio una tertulia donde grandes voces se dan cita es algo que todo buen aficionado debería hacer, no hay nada mejor que sentarse una tarde con un buen libro a disfrutar de su lectura. Podemos citar grandes ejemplos de manuales de este deporte redactados por entrenadores, recopilaciones históricas de artículos periodísticos o las grandes biografías de los mitos del baloncesto; sin embargo, las obras de Phil Jackson van mas allá: son extensos resúmenes que agrupan vivencias, técnicas y tácticas e incluso filosofía. “Maverick” nos traslada a su etapa como jugador de rotación en los años 70 y nos cuenta como, siempre con moderación, las drogas blandas pueden ayudar a mejorar tu juego (algo que no recomendamos a nuestros oyentes), mientras que en “Canastas Sagradas” nos lleva a afrontar otro tipo de “viajes”, enseñándonos la filosofía del “Zen Master”. Si bien su carrera como escritor seguro será tan larga y prolifera como su vida en los banquillos, el último libro de Jackson fue editado en 2004, cuando el de Dakota del Norte abandonaba el banquillo de los Lakers para tomarse un descanso tras una temporada que pudo ser y no fue, un curso baloncestístico que se inició con grandes expectativas y que no culminó como se esperaba.

Echemos la vista atrás y volvamos a la temporada 2003/2004, un año de grandes cambios: Dios decidía volver a ser el ciudadano Michael Jordan, pero la llegada de grandes figuras jóvenes a la Liga abría un año donde los analistas miraban hacia el Pacífico, buscando en la costa Oeste al próximo campeón del mundo: era el año del “Wild Wild West” para algunos analistas, que también aventuraron a rebautizar la conferencia como la “Bestern Conference”. San Antonio venía de conquistar su segundo anillo de la mano del dúo Duncan-Robinson con la inestimable ayuda de jugadores como Parker o Ginobili, claves en el conjunto tejano años después. Con la retirada del Almirante tras conseguir el título, la mayoría de los equipos de la Conferencia Oeste se ponían manos a la obra para plantearse el asalto al trofeo de campeón: Kevin McHale rodeaba de trabajadores como Cassell o figuras como Sprewell a Garnett para intentar superar, de una vez por todas, la primera ronda de los playoff, mientras que en Tejas Steve Francis y Yao Ming querían cimentar la base de un proyecto que aspiraba, con jóvenes jugadores, a repetir la historia diez años después; también en el estado petrolero Cuban quería rodear a su pareja estelar de un buen trabajador, llevándose a Dallas a Antoine Walker para que Nash y Nowitzki siguiesen creciendo. Pero dos conjuntos, junto con los campeones, se situaban a la cabeza de todas las encuestas: los eternos aspirantes en esos años, los Sacramento Kings que llevaban tantos años nadando hacia la orilla con Rick Adelman y los “Fab Four” de los Lakers, que querían devolver a tierras angelinas la supremacía en la NBA, volviendo a elevar a limites insospechados la famosa “fiebre amarilla”.

Desde el inicio de la temporada hasta la caída en las finales ante los Pistons (cuando el cemento venció al talento, para sorpresa de muchos y disgusto de alguno), Jackson tuvo que lidiar con numerosos problemas que saturaron al mismísimo “maestro Zen”: los combates de egos elevados a la enésima potencia con la llegada de Payton y Malone, sus idas y venidas con “la organización” del Dr. Buss (unido a su relación con la hija del propietario) o su relación con la prensa fueron algunos de los inconvenientes, pero sin duda el que mas párrafos y paginas llena es Kobe Bryant; sin lugar a dudas, tener en tu equipo a un individualista, petulante e inmaduro con una habilidad innata para anotar conlleva mas problemas que soluciones: ya antes de comenzar la temporada, con el asunto de Colorado, los dilemas en torno a su figura surgían con fuerza. Jackson buscó la manera de frenar sus ansias de protagonismo en favor de un equipo que podía hacerse con el título con cuatro futuros miembros del Salón de la Fama, pero en ocasiones llegó a pensar en enviar lejos a Kobe; en contraposición a la otra figura de peso en los Lakers, Jackson apreciaba el trabajo de Shaq, su capacidad de mejorar los aspectos que fallaban en su juego y, en el fondo, su rivalidad con Kobe a la hora de lucir galones. Después de trabajar con un grupo como los Bulls de los seis anillos debe de ser complicado tener que cortar por cuestiones salariales a un joven dedicado como Jannero Pargo (de los primeros en llegar y últimos en irse) mientras que otras estrellas alegaban “problemas personales” para ausentarse una y otra vez de los entrenamientos: sin embargo, Jackson no deja de enseñarnos lecciones sobre como manejar situaciones en la que todos esperan mucho de ti y no eres capaz en encontrar tu camino, encontrar tu alma, cuando no consigues contentar a los dioses del baloncesto.

Desde aquella primera reunión, con la palabra “sacrificio” como símbolo de la plantilla en Hawaii hasta la caída en el Palace de Auburn Hills nos encontramos con muchas circunstancias que afectaron al bloque, y con ocasiones en las que un entrenador veterano como el autor de este libro tira de galones y aplica su método: su particular filosofía y conocimientos sobre psicología del deporte consiguen que, durante momentos, Bryant deje de pensar en sus disputas con Shaq y sus problemas con la justicia para, por desgracia, volver poco después a sus fueros. Poco a poco abandonó sus vicios: después de lo de las finales de conferencia del 2000 con las fotos de los Kings cambió, y sabemos ahora que “Shrek” puede servir como inspiración a un equipo para derrotar a San Antonio en menos de 4 centésimas de segundo, aunque después de lo ocurrido esta temporada, con aquello del “partido Brokeback Mountain”, no podemos asegurar nada. Al final esto acabó como todos sabemos: con los Lakers asegurando sus ingresos para las próximas temporadas y reduciendo a su vez sus gastos, “jubilando” a Malone y enviando lejos a prácticamente la base de la plantilla para crecer a partir de Kobe, y con el “maestro Zen” lo mas lejos posible del banquillo: el dueño del caballo quería dejarle que se desbocase. Kobe podía ser tan bueno como Mike, pero con los defectos que caracterizan a los mortales y que le diferencian del mítico 23 de los Bulls: hace poco compararon al de Philadelphia con Hillary Clinton, posible candidata del partido demócrata a la presidencia americana, y la verdad es que en mucho se parecen; la mayoría de su equipo de trabajo no soporta a ninguno de los dos, pero sin ellos los proyectos estarían todavía mas hundidos. Y así se marchó Jackson, “despreciado” por su principal valedor en la franquicia, Jerry Buss, hacia su amada Dakota del Norte, tomando carreteras secundarias: por lo que se ve, el bueno de Phil es uno de los nuestros.

Si bien actualmente seguimos disfrutando en los banquillos, el título del libro, “The Last Season”, nos desconcierta: quizás era porque sería la última oportunidad de conseguir un título, la apuesta definitiva por hacerse con el anillo y acercarse a tan solo un paso de Red Auerbach; por momentos Jackson cuenta que tenía bien meditada su retirada tras un año donde sufrió mas de lo esperado, algo que unido a sus problemas cardíacos le alejaban del banquillo del Staples Center de manera en un principio definitiva. Pero una temporada mas tarde, el viejo maestro volvería a ocupar su sitio en la pista, delante del mítico Tex Winter, a lidiar una vez mas con Kobe: quizás se resignó, y descubrió tras mucho meditar que si su “motor” comenzaba a fallar no era mas que por su culpa. Es normal que el musculo no resista cuando por tus venas circula un balón naranja durante décadas.

Matias Castañón

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