Posteado por: inakiapalategi | octubre 11, 2008

El sheriff de Milán (primera parte)

Calle Melancolía (5/2/2007).- La fuerza de la imaginación es muchas veces superior a la de la propia realidad. Cuando tratamos de hallar en nuestra mente lo que nunca vimos, mientras procuramos fijar en ideas e imágenes, aquello de lo que tanto oímos hablar, acaso es en esos momentos cuando mayor placer obtenemos.

En el goce de la indagación, la voluptuosa curiosidad nos lleva a lugares inesperados, con una intensidad raramente repetible, como cuando siendo niños nos atrevimos a entrar en esa angosta cueva en la que nos iba la vida.http://www.bkl-adb.com/web/bkl/imagenes/Fotos/760020075537567.286512.jpg

La historia que hoy propongo trata de un jugador al que nunca vi actuar, ni en directo ni a través de imágenes registradas, de un hombre cuyas gestas y cuyas cifras, aún hoy en día, pasados más de 20 años desde que dejara los parqués, siguen produciendo escalofríos en quienes tuvieron la fortuna de vivirlas in situ.

Cuando uno revisa el listado de anotadores históricos del campeonato italiano de basket, surgen nombres conocidos: Antonello Riva, el Nembo Kid de Cantú; Renato Villalta, el elegante ala pívot virtusino; Oscar Schmidt, la ametralladora de Caserta; Walter Magnifico, el hombre que modernizó el juego interior trasalpino; o Carlton Myers, el llamado Jordan italiano.

Incluso aparece algún coetáneo de nuestro protagonista, como el legendario Bob Morse, el líder de aquella escuadra de Varese que dominara el basket continental durante la década de los 70, al que sí hemos podido ver en algún partido.

Sin embargo, de nuestro hombre nada se sabe que no nos haya sido confiado por vía de tradición oral o escrita; sin ello, su peripecia permanecería en el más perfecto anonimato.

Charles “Chuck” Jura vino al mundo en el estado de Nebraska, concretamente en la pequeña localidad de Columbus, donde su padre era sheriff, precisamente el mote que le acompañaría de por vida para aludir a su forma de liderar a su equipo y dominar los partidos.

Ya en la high school de Schuyler se mostró imparable, conservando actualmente, 40 años más tarde, varios récords como el de tiros de campo en un partido con 20, y llevando a su equipo, conocido como los Felices Gigantes Verdes, a varios títulos estatales. Su rendimiento le hizo acreedor a ingresar en el Hall of Fame del estado.

Dada su altura, 6-10, ocupaba la posición de center y a pesar de haber actuado en la categoría B de high school, fueron varios los programas importantes interesados en reclutarlo, entre ellos Missouri, LSU, Washington y Seattle.

Finalmente, la magnífica relación que el pívot entabló con el coach Joe Cipriano, más conocido como Slippery Joe por su carácter imprevisible, decantó la balanza hacia los Cornhuskers de Nebraska, aunque el jugador reconoce que habría preferido trasladarse a la zona del Pacífico.

Tras cuatro años tremendos en la fortísima Big Eight, entró en el draft en tercera ronda, siendo elegido por los Bulls, pero al no conseguir un contrato garantizado, cruzó el charco para empezar en la pallacanestro una de las aventuras más gloriosas que se recuerdan.

El destino elegido fue Milano, pero no para jugar en la mítica Olimpia de Cesare Rubini, sino para engrosar las filas del pariente pobre de la rica ciudad piamontesa: la Pallacanestro Milano, a la sazón patrocinada por la firma Mobilquattro. Por poner un ejemplo, este modesto club venía a ser como el Estudiantes de Milán, el equipo que vivía a la sombra del gran ogro local, y cuya mayor aspiración era amargarle algún partido.

Cuando el gigante zurdo llegó al Palalido milanés, el equipo naufragaba en la parte baja de la tabla; siete años después, cuando partió al destierro suizo entre las lágrimas de los que fueron sus seguidores, los pocos pero animosos sostenitori habíanse acostumbrado a ver a los suyos luchando en las Poule Scudetto con los grandes bastiones de la pallacanestro: los Varese, Cantú, Olimpia y Virtus.

En ese tiempo, Jura desplegó un juego al poste nunca antes visto, un desempeño de tal variedad de registro que le permitió dominar las clasificaciones estadísticas en disciplinas tan variadas como anotación, rebotes, tapones, porcentaje de tiros de campo, asistencias y robos de pelota.

El chico del Midwest nunca faltaba a la cita, en la salud o en la enfermedad, y noche tras noche se hacía con una inmaculada reputación y con el título oficioso de mejor americano de la década, en dura competencia con el varesino Bob Morse.

Como se dijo más arriba, Chuck era zurdo, lo que le hacía partir en ventaja frente a sus rivales, y además de esta cualidad, tenía una rapidez inusitada para su altura en aquella época, lo que le permitía realizar sus jugadas favoritas:

– el fade away, iniciando de espaldas a la canasta, amagando ora un tiro, ora un pase al jugador que cortaba.
– la entrada, esta vez encarando a su marcador, al que superaba por velocidad por la línea de fondo, dejando la bola ya fuera directamente o a aro pasado, tirando de envergadura con una de sus magníficas extensiones.

La variedad de su repertorio le permitía reaccionar frente a aquellos defensores más rápidos o avispados, que le cerraran con antelación esa vía, en cuyo caso recurría a un efectivo gancho, que sacaba muy alto, o a un más que fiable tiro de 4-5 metros, que él mismo reconoce desarrolló exclusivamente en sus años italianos.

Famosos eran sus fakes con la bola a una mano, una finta en la que el jugador movía la cabeza como si fuera a pasar mientras iniciaba la entrada, o justo lo contrario, amagaba una entrada para dar una precisa asistencia, algo que en aquel entonces parecía estar reservado exclusivamente a los bases.

En suma, ofensivamente nadie en Italia, y me atrevo a decir en toda Europa, podía pararlo en uno contra uno.

Para rematar el dechado de virtudes, Jura fue un evangelista de la modernidad en la pintura, uno de los primeros pívots pasadores del basket europeo, preludiando en ello al mismísimo Kreso Cosic, que años más tarde perfeccionaría este arte en la Virtus Bologna, a la que haría doble ganadora del scudetto.

Su especialidad era el primer pase para contraataque, algo poco desarrollado en Europa y en todo caso reservado a jugadores de menor tamaño.

Defensivamente, su inteligencia y reactividad le acreditaron como maestro en el robo de balón y en los tapones, como veremos a continuación, lo que servía para ocultar su talón de Aquiles: la falta de interés y cualidades para la defensa contínua, sorda, la del cuerpo a cuerpo. Podría decirse que en defensa sólo buscaba el highlight, y se reservaba físicamente para así poder descollar en el ataque.

Sin esa pequeña tacha, estaríamos sobre el papel ante el jugador perfecto.

Pongamos cifras sobre la mesa y comprenderán el asombro y admiración que el tipo despertaba a su paso:

– en dos años consecutivos Jura fue máximo anotador y reboteador del basket italiano, concretamente:
– en la temporada 75-76 alcanza unas medias estratosféricas de 35.8 puntos y 17.4 rebotes por partido, con un 57,7 en porcentajes de tiros de campo, mientras que su equipo se clasifica para la Poule Scudetto de los 8 mejores, y acaba en el 7º puesto.
– el año siguiente repite doble entorchado con 33 puntos y 17.3 rebotes, sumando el liderazgo en robos con 3.1 y anotando con un 55,3 %. La Xerox no sólo repite la hazaña de meterse en la Poule, sino que avanza un puesto, terminando sexto.
– nuevamente repetirá galardón anotador en la temporada 77-78, con 29.4 puntos, quedando segundo en rebotes y robos con 13.6 y 3.5 respectivamente, siempre lanzando a un 55.4%. La progresión de su equipo continúa, y la Xerox alcanza el tope del 5º puesto en la Poule Scudetto, superando a la mismísima Olimpia, acontecimiento tan insólito como inolvidable.

Todo esto, recordemos, logrado ante la dura competencia de estrellas gigantescas venidas de América a golpe de lira y dólar, como Jim McDaniels, Steve Hawes, Randy Denton, Red Robbins, Tom Mcmillen, etc, etc.

No acaba aquí la sorpresa, pues en un año el pívot llegó a dominar la clasificación de asistencias y en varios otros fue segundo en robos tras un viejo conocido, el mismísimo Mike D’Antoni, Arsenio para los amigos.

Y lo mejor de todo, como se ha visto, este absoluto protagonismo estadístico no iba en detrimento de los resultados de su equipo, antes al contrario, la Mobilquattro, después Xerox, bajo su égida fue ascendiendo posiciones en la tabla, hasta alcanzar el tope del quinto puesto en el año 1978.

Jura no era, pues, un tirano egocéntrico, sino un líder magnánimo y diligente.

Con tal bagaje, en seguida surgen dos preguntas:

Si tan bueno era, ¿cómo es que no llegó a debutar en la NBA?

Y sobre todo, ¿por qué no fichó nunca por alguno de los grandes de Italia, Virtus, Cantú, Varese o mismamente por el tradicional rival local, la Olimpia Milano?

En la segunda parte de esta historia trataremos de dar nuestra versión de los hechos… …

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